Desconfianza, el mayor escollo del consumo responsable

La gestión sostenible y responsable  es cada vez más importante para las grandes empresas con complejas cadenas de valor, pero también lo es para el sector minorista. En relación a este tema, el consumo responsable y sus complejidades se convierte en un tema cada vez más candente. Así, la Universidad Pontificia Comillas ha dado a conocer recientemente el informe “El despertar al consumo responsable: análisis de un proceso de crecimiento”, donde se explora esta cuestión.

Entre otros aspectos, el estudio enfoca la confianza de los consumidores como factor necesario. Así, establece que existen investigaciones que sugieren que intentar persuadir al consumidor responsable en base al sacrificio que la sociedad necesita de él – enfoque centrado en el altruismo – puede ser contraproducente, por lo que se sugiere un enfoque que busque más la comprensión profunda de la naturaleza humana y que por tanto se centre más en las motivaciones del propio consumidor. Por ejemplo, en el caso de servicios energéticos, es muy efectivo persuadir al consumidor, incluso a aquel poco comprometido con el medio ambiente, apelando a la experiencia emocional positiva de “sentirse bien haciendo el bien”, y no tanto a través de argumentos tales como “la naturaleza se lo merece, o se lo debemos a la naturaleza”. También podrían ser de utilidad la aplicación de otros modelos como las matrices de transición, en las que se representan diferentes perfiles y las vías o factores que les harían pasar de un tipo de conducta a otro.

CONFIANZA

Efectivamente, la falta de confianza es un obstáculo. La crisis económica y el desgaste medioambiental que sufre el planeta han abierto un momento de reflexión donde los consumidores están redefiniendo lo que verdaderamente importa y las compras se están evaluando en la base de los valores y la sostenibilidad, hasta tal punto, que la forma de capear el temporal económico está siendo para muchas compañías poner el acento en las cuestiones sociales, ambientales y de buena gobernanza que tanto se habían descuidado durante los despiadados años de la bonanza económica. Ya en su día una encuesta de BBMG demostraba que  las empresas que más confianza inspiran a los consumidores, y cuya imagen está más asociada con los términos de ecología y sostenibilidad, son multinacionales de consumo, orientadas a los productos de higiene y cuidado personal como Jhonson&Jhonson y Procter&Gamble, mientras que las empresas que más recelo despiertan ecológicamente hablando son, entre otras, petroleras como Shell, compañías de automoción como General Motors o establecimientos de comida rápida como McDonald`s.

En relación al etiquetado social y medioambiental, el informe de la UPC recuerda que estas iniciativas son a menudo promovidas por organismos independientes, y representan estándares de buenas prácticas y de calidad que las empresas buscan cumplir para poder así alcanzar el derecho a usar tales etiquetas en sus productos. De esta manera, las empresas consiguen acreditarse en sus prácticas sociales y medioambientales. Por ejemplo, en los sectores de la alimentación y de la fibra, las etiquetas se están utilizando para informar y educar a los consumidores sobre los atributos sociales, éticos y medioambientales de los productos.

ETIQUETADO

Sin embargo, el documento advierte que los consumidores reclaman un etiquetado más completo: que dé información clara sobre el origen del producto (detallando los países por los que ha pasado ese bien), sobre sus emisiones, y, en general,sobre su impacto social, ambiental y animal. Además, requieren esta información de una manera simple: usando un código fácilmente reconocible y entendible (por ejemplo, clasificación gráfica –con estrellas – o verbal – como la utilizada en la actualidad con los electrodomésticos). No parece posible que se desarrolle este sistema de etiquetado para todos los productos sin la intervención de los poderes públicos.

Los resultados de este estudio son contundentes: los consumidores no confían en la información de la empresa, tachándola de engañosa y deliberadamente confusa. Parece que la única manera de recuperar la credibilidad es mediante la certificación externa por parte de organizaciones consideradas fiables (especialmente, organizaciones medioambientales y de derechos humanos). Si una empresa responsable quiere ganarse la confianza de este segmento debe dejar que sus procesos sean verificados por estas organizaciones.

Así, todo apunta a que los esfuerzos en la búsqueda de una mayor sostenibilidad en el sector del consumo han de proseguir. Organismos como el Instituto Ethos aseguran que para alcanzar la visión de una economía inclusiva, verde y responsable, será necesario desarrollar un conjunto de acciones que formarán parte de una amplia agenda nacional y suprapartidaria. “Esa agenda deberá elaborarse en un abarcador proceso de movilización social que involucre las principales fuerzas de cambio, con influencia en las políticas y mecanismos de mercado que van a sustentar y orientar los procesos económicos”.

 Beatriz Lorenzo, socia directora de N-NOVA Responsables

ROI y Redes sociales, también un gran reto para las ONGs

Vía Puro Marketing

De acuerdo a un estudio realizado entre Blackbaud, NTEN y Common Knowledge, más del 92% de las ONG tienen presencia en al menos una red social, pero la gran mayoría de ellas recauda muy poco dinero a través de su actividad social. De hecho, el 87% ha recaudado menos de 1.000 dólares desde que comenzaron a utilizar alguna de estas plataformas.

Uno de los principales problemas que se les presenta es que no pueden correr el riesgo de adoptar plenamente el Social Media al no disponer de suficientes recursos de personal, además de tener que volcarse de lleno en la generación de ingresos y ejecución de programas, como ayudar a las personas reales en el mundo real.

Sin embargo y a pesar de la falta de éxito en la recaudación de fondos, la difusión que obtienen es mucha, pues estos temas siempre son candentes en las redes sociales. A esto debemos agregar que cada día aumentan las ayudas, digamos, “especiales” que reciben, como por ejemplo conferencias que se realizan para que aprendan a utilizar las redes sociales teniendo como objetivo la recaudación, días especiales de recaudaciones de fondos, talleres u otros eventos, además de tener una amplia cobertura de parte de grandes medios, como Mashable.

Darian Rodriguez Heyman, autor del libro “Nonprofit Management 101” y creador de la conferencias “Social Media for Nonprofits”, dice que “en un mundo donde Facebook es el equivalente al tercer país con más población del planeta, tenemos que peguntarnos cómo podemos aprovechar el enorme boca a boca social que estas redes ponen a nuestra disposición, para el beneficio de las ONG”.

Retomando el estudio, encontramos que el 92% de las ONG, independientemente de su tamaño, utilizan al menos una red social, principalmente Facebook y Twitter. El gigante de la industria es escogido por el 89% de las organizaciones sin fines de lucro, seguido por Twitter por el 57%. El Top5 lo completan YouTube (47%), LinkedIn (30%) y Flickr (19%). Más del 52% no asigna un presupuesto fijo al Social Media, y sólo el 4% invierte más de 50.000 dólares al año.

En cuanto al personal, el 86% de las ONG destinan algún tiempo a las redes sociales. El 61%, la mayoría, asigna la cuarta parte del tiempo de un empleado full time, en tanto que el 15% le dedica las ¾ partes del tiempo de un empleado.

Por otro lado, vemos que el 58% de las ONG realizan informes de al menos los beneficios llamados “blandos” que reciben del Social Media (aumento de la conciencia, educación, etc.) y sólo un 9% mide el ROI, generado por los ingresos recibidos a través de donantes, anunciantes y patrocinadores.

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Sostenibilidad más allá de la crisis, el reto de “lo verde”

Las preocupaciones medioambientales comenzaron a abrirse un amplio hueco en la agenda internacional a raíz de la conferencia de Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo Humano que tuvo lugar en Estocolmo en 1972. Durante los últimos tiempos, la preocupación por los problemas medioambientales ha pasado a ocupar un lugar cada vez más destacado en las agendas de los gigantes corporativos e institucionales, achicados ante un problema que se antoja imparable.

En España, el Observatorio de la Sostenibilidad (OSE) ha publicado recientemente su séptimo informe anual sobre Sostenibilidad en España 2011, que pone de manifiesto, en un contexto de crisis sistémica, la necesidad ineludible de encontrar un nuevo modelo de desarrollo con futuro y que sea verdaderamente sostenible en la triple dimensión económica, social y la ambiental.

BIODIVERSIDAD

El documento aborda aspectos relevantes seleccionados a partir de los sistemas de indicadores contemplados en las Estrategias Europea y Española de Desarrollo Sostenible, la Estrategia de Economía Sostenible, el Plan Nacional de Reformas y la estrategia con visión de futuro Europa 2020, así como otros indicadores que el OSE y la comunidad científica consideran esenciales para el análisis y seguimiento de las prioridades estratégicas para el desarrollo sostenible de España.

En el documento de 2011 se presenta una novedad con vistas a continuar en los próximos años, la inclusión d un capítulo especial sobre los bosques en España con motivo de la declaración de 2011 como Año Internacional de los Bosques, con el objetivo de aumentar la sensibilidad hacia los ecosistemas forestales y fortalecer el compromiso político y la acción para lograr la ordenación forestal sostenible.

La inclusión de esta novedad es pertinente, puesto que durante décadas, la relación de la humanidad con los recursos naturales ha sido de desgaste y explotación; un expolio unido a las consecuencias del cambio climático. Una de las peores situaciones derivadas de la presión desmesurada sobre los recursos naturales es la pérdida de la biodiversidad. Esta preocupación aparece ya recogida en el “Plan Estratégico del Patrimonio Natural y la Biodiversidad” presentado por la secretaría de Estado de Cambio Climático. El plan preveía una inversión total de 750 millones de euros, de los que 30 millones se destinarán a reducir el impacto de las actividades de España sobre la biodiversidad y los  recursos naturales de terceros países y consolida como elementos esenciales la consolidación de la valoración económica de la biodiversidad y los servicios de los ecosistemas.

Y es que según la Evaluación de los Ecosistemas del Milenio, las dos terceras partes los servicios suministrados por los ecosistemas y áreas de alto valor natural en el mundo, incluida la biodiversidad, están en declive ya que regulaciones legales no resultan suficientes para protegerlos frente al empuje de intereses económicos. Hay actividades económicas privadas que generan externalidades ambientales positivas que no están reconocidas por el mercado. Por el contrario, existen otras actividades privadas que se benefician del patrimonio natural sin coste alguno o que generan externalidades negativas no computadas en el precio de sus productos.

Ya en la presentación del borrador del Plan, se reconocía que la gestión de los espacios Natura 2000 es uno de los principales desafíos para la
conservación de la biodiversidad en España, y admite que la creciente  insostenibilidad de algunas actividades y el riesgo de sobreexplotación de los recursos naturales en las áreas de montaña evidencian la necesidad de poner en marcha mecanismos coordinados para proteger estas áreas y frenar su deterioro
La valoración económica de la biodiversidad es otro de los temas clave. Los estudios  de coste-beneficio que se han realizado en España en áreas protegidas y en su entorno socioeconómico demuestran la generación neta de beneficios contables. Sin embargo, muchos costes de las áreas protegidas se asumen a nivel local mientras que los beneficios se reciben a nivel global o son percibidos por operadores económicos distintos a los que soportan los costes

CRISIS

En otro orden de cosas, el informe de 2011 del OSE aborda también la problemática de la crisis en relación con la sostenibilidad. Así, se observa que tras la irrupción de la crisis generalizada, se está produciendo un leve cambio en el modelo de desarrollo español, aunque no necesariamente por sendas de mayor sostenibilidad. Con una economía estancada, el sector de la construcción ya no es el motor de la economía española. Las exportaciones, la industria y el turismo aparecen ahora como los sectores productivos que evitan que la economía caiga en recesión. Asistimos a un cambio en la dinámica sociodemográfica que se encamina hacia un ligero declive por la caída de la población, producto de una menor inmigración y una mayor emigración de residentes.

No obstante, sí puede decirse que ha habido progresos en algunos indicadores de sostenibilidad ambiental. Más allá de los efectos de la crisis, se reflejan mejoras de eficiencia de los procesos productivos y efectos positivos de las políticas ambientales que se han venido implantando, que, por ejemplo, han supuesto la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero y la disminución de la dependencia energética externa.

Beatriz Lorenzo, Socia Directora de N-Nova Responsables, para iCNr

Contratación pública verde, el nuevo desafío

Beatriz Lorenzo.- La sostenibilidad es uno de los principales desafíos en la actualidad, tanto para el sector privado como para el sector público. El desarrollo sostenible se revela como un desafío urgente después del huracán financiero. Si bien la vertiente social de las compañías se encuentra en pleno apogeo debido al auge de la RSC como herramienta de gestión, lo medioambiental ha adquirido también gran importancia, como parte estratégica de una gestión sostenible “integral”.

Así; los social y lo ambiental alimentan los últimos resquicios de confianza de una sociedad que ha visto derrumbarse ante sus ojos las estructuras económicas y financieras en apariencia indestructibles,  arrasadas por la peor crisis a nivel mundial en muchas décadas.

La sostenibilidad está presente también en las agendas de la administración pública y protagoniza los afanes de los organismos internacionales. Así, Bruselas celebra desde 2005 la Semana Europea de la Energía Sostenible, que pretende dar a conocer aquellas formas de energía que sean bajas en carbono y, por tanto, menos contaminantes y más sostenibles. Durante esa Semana, las Instituciones Europeas quieren demostrar a representantes de la industria, científicos, expertos, personas que pueden tomar decisiones y al público en general que las tecnologías de las energías sostenibles son viables y rentables para el medio ambiente. Sigue leyendo